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miércoles, 25 de julio de 2012

Jaime I un Rey nacido para la Reconquista.


Rey Jaime I (1208-1276) Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, fue un guerrero victorioso y cruzado invicto, que ganó para la Iglesia vastas extensiones de tierra sobre el este peninsular, ganándose por ello el justo título de “Conquistador”.



La historia lo reconoce  como uno de los más grandes reyes españoles, valeroso cruzado y prudente legislador, equiparable en grandeza a Luis de Francia y Fernando III de Castilla y León.

Jaume I ”el Conquistador” un Rey clave en la Reconquista cristiana

Don Jaime I de Aragón nació en Montpellier, hoy territorio francés, el 2 de febrero de 1208. Hijo de Pedro II el Católico, rey de Aragón y de María de Montpellier, tenía apenas seis años cuando su padre murió en la batalla de Muret, contra los albigenses (1213). Entonces Jaime fue capturado y quedó prisionero de Simón de Monfort, líder de la heregía cátara. Gracias a la intervención de su madre ante el Papa Inocencio III sería liberado por los cátaros y pasaría a la tutela de los Caballeros Templarios quienes instruyeron al muchacho para ser Rey.
Jaime pasó a residir en el castillo de Monzón, bajo la tutela de los templarios y la regencia de su tío Sancho Raimúndez, hijo de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. En 1218 fue declarado mayor de edad y a la muerte de su madre, al año siguiente, heredó el condado de Montpellier.
En 1228 don Jaime inició su reinado luchando contra la nobleza levantista que, incluso, en una oportunidad, logró hacerle prisionero, pero gracias a la intervención del Arzobispo de Tortosa, firmó en el mes de marzo de 1227 la Concordia de Alcalá que le permitió fijar su mirada en territorios musulmanes.
Don Jaime I fue, por sobre todas las cosas, un guerrero, de ahí su apodo de “Conquistador”, pero además de ello fue un noble, y un cruzado y, por consiguiente, según la época un hombre de Dios.

La conquista de las Baleares

En diciembre de 1228 don Jaime reunió a los nobles en y al año siguiente en Lérida y acordó la conquista del archipiélago balear, instigado por comerciantes y mercaderes de Cataluña, víctimas de las constantes incursiones de los piratas mallorquíes y deseosos de abrir nuevos mercados para colocar sus productos.El ejército de don Jaime embarcó en Salou y zarpó con destino a Mallorca para iniciar su conquista.
La conquista de Mallorca
Desembarcados en Santa Ponsa, aragoneses y catalanes marcharon hacia el interior, enfrentándose a los musulmanes en Portopi, el 13 de septiembre de 1229. El triunfo de los cruzados fue total y la dispersión de los árabes les permitió alcanzar Palma de Mallorca, donde pasaron a gran número de habitantes.
Los musulmanes se hicieron fuertes en la sierra de Tramontana mientras los españoles se adentraban en su territorio, tomando una a una, villas, aldeas y ciudades. Aquellos que no cayeron en combate fueron esclavizados o huyeron al África, seguidos de cerca por las tropas vencedoras que al ver en ellos a enemigos de la fe, no tuvieron misericordia y se mostraron implacables.
La masacre de Palma de Mallorca, ciudad capital a la que los árabes denominaban Medina Mayurqa, trajo la peste en la isla, peste a la que no escaparon las fuerzas de don Jaime que vieron mermar su número considerablemente, agravado por una revuelta a causa del botín, hechos que impidieron la conquista de Menorca.
Jaime I estableció el reino de Mallorca a través de una carta de franquicia fechada en 1230 y dos años después redujo a los moros de la Tramontana, eliminando el último foco de resistencia islámica.
Menorca fue reducida a vasallaje ese mismo año y en esas condiciones permanecería sujeta a Aragón hasta la conquista militar que llevó a cabo Alfonso III en 1287. Cuatro años después, caerían bajo la misma condición Ibiza, Formentera y las demás islas del archipiélago.

Recuperando Valencia para la Cristiandad

Mientras las islas Baleares se iban repoblando de campesinos catalanes, los ejércitos de don Jaime iniciaban la conquista de Valencia, el importante reino del levante español conquistado para Alfonso VI por el Cid Campeador y perdido nuevamente en poder de los musulmanes a poco de su fallecimiento.La primera en caer fue Morella en 1232 seguida al año siguiente por Burriana y Peñíscola.
La conquista hispana se detuvo un tiempo hasta que el 9 de octubre de 1237, tras duras batallas por tierra e incluso, por mar, el gran rey aragonés entró triunfante en Valencia que definitivamente quedó en poder de la cristiandad.
Celebraba el mundo católico esta conquista todavía cuando la población mudejar comenzó a dar señales de malestar. Y en 1244 se alzó contra sus nuevos amos, al mando del caudillo Al-Azraq, al que don Jaime enfrentó en tres oportunidades, en la última de las cuales, perdió la vida en Alcoy (1276).

La conquista de Murcia

La nueva situación llevó al monarca a enfrentar nuevamente a la nobleza de Aragón al establecer para las tierras conquistadas los fueros els Furs, por los que reconocía a Valencia como reino autónomo, unido a la Corona de Aragón (1239), impidiendo a los nobles prolongar sus señoríos aragoneses en las tierras valencianas.
Después de solucionar el conflicto ultrapirenaico, acordando con San Luis de Francia el reparto de territorios fronterizos.
Habiendo estallado la rebelión en Murcia contra los castellanos, Jaime I, llamado por su hija, la reina Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, organizó un nuevo ejército a cuyo frente puso a su hijo, el futuro Pedro III el Grande, que derrotó al emir Muhammad ibn Hûd Biha al-Dawla y conquistó el reino. Sin embargo, debió regresárselo a Castilla en vistas de las cláusulas del Tratado de Almizra de 1244.

La Cruzada a Tierra Santa

Don Jaime I de Aragón llevaba el signo de la cruz grabado en su corazón. Por ese motivo, organizó una cruzada a Tierra Santa que partió de Barcelona en el mes de septiembre de 1269. Estaba decidido a todo con tal de recuperar para la Iglesia, los lugares sagrados donde vivió y predicó Nuestro Señor Jesucristo pero las naves de su armada fueron dispersadas por un furioso temporal que lo obligó a regresar, desembarcando en Aigües-Mortes, localidad costera próxima a Montpellier. Volvería a intentar la empresa en 1274 pero al fracasar por segunda vez, debido a las tormentas, comprendió que no era la voluntad del Creador que acometiese esa empresa.

Los últimos años

Sus últimos años de vida se vieron ensombrecidos por varios factores, la principal, el alzamiento que encabezó su hijo Pedro y las turbulencias su hijo bastardo Fernando Sanchís de Castro, promovió entre los feudales del reino.
Casado en primeras nupcias con Leonor de Castilla (1221) y en segundas con la princesa Violante, hija del rey de Hungría (1235).
Su reinado se caracterizó por sus reformas en materia de Derecho y la transformación de las Cortes. Fueron muestra cabal de lo primero los Fueros de Aragón, promulgados en las Cortes de Huesca en 1247 con los que reemplazó a los diferentes códigos regionales. Aparte de ello, promulgó las leyes englobadas en el Libro del Consulado del Mar, modificó el sistema comunal de Barcelona e implementó medidas que beneficiaron la economía del reino y el comercio catalán. También escribió una autobiografía titulada Llibre dels fets

El Llibre dels Fets

Parece ser que fue la conquista de Mallorca la que impulsaría la redacción de este libro autobiográfico. Jaime I murió en 1276,  Jaume I mor el 1276, por tanto la obra seria acabado no mucho tiempo antes. No obstante, las copias existentes son posteriores, el manuscrito más antiguo que se conserva data de1343.
En cuanto al título, es significativo ya que que no se trata de una crónica al uso medieval sino de un verdadero libro de los acontecimientos narrados por el propio rey. Los estudios que se realizaron en los años 80 po r(Josep Mª Pujol, Jordi Bruguera o Stefano Asperti, entre otros) llegan a la conclusión de que se trata de un libro que no pertenece a ningún género concocido y que está fuertemente influido por el lenguaje oral de la época. Es decir que está redactado siguiendo las claves del lenguaje.
Jaime I a pesar de ser un hombre culto no sabia escribir, por tanto no es él el escritor pero sí, quien dicta la obra: El libro narra de forma autobiográfica su vida y sus gestas más significativas en la Reconquista cristiana, como fueron las conquistas de Valencia y Mallorca.
La història comienza con su nacimiento y acaba con su muerte (1208-1276) Se cree que alguien propuesto por el rey hizo el prólogo, se nota que fue alguien con mayor acceso a la cultura y mejor erudición que redactó el prólogo y el epílogo cuando el rey ya habia muerto.
La intención didáctica y justificativa, y el sentimiento religioso y providencialista se reflejan en toda la crónica. Al rey le gusta aparecer como un héroe de epopeya, no siempre narra la historia militar o política, sino que amenudo muestra los peuqeños hechos de us vida y los rincones más íntimos de us personalidad con un lenguaje vivo y popular lleno de expresiones coloquiales( refranes, dichos, etc ) y de la lengua empleada por los distintos personajes (catalán, francés, árabe, aragonés,..)

La tumba de Jaume I  en el panteón real del monasterio de Poblet, en Tarragona

Don Jaime I el Conquistador falleció e Valencia, el 27 de julio de 1276, a los sesenta y ocho años de edad, poco después de dictar el testamento en el que dividió su extenso reino entre sus hijos Pedro III (Aragón, Cataluña y Valencia) y Jaime II (islas Baleares, el Rosellón y Montpellier).
Los restos de Jaume I reposan el panteón real del monasterio de Poblet, en Tarragona, un  monumento del siglo XII. Fue Pedro III el Ceremonioso quien decidió que los soberanos de la Corona de Aragón pasarían a la eternidad en este claustro y mandó construir un panteón real a cada uno de los lados del altar mayor. En el lado izquierdo reposa Jaume I y su esposa.

Conmemoración de su nacimiento

En 2008 se cumplieron 800 años del nacimiento del rey Jaume I, fundador del Reino de Valencia y protagonista indiscutible en el proceso de configuración de la identidad del pueblo valenciano

domingo, 22 de julio de 2012

¿Y si Alejandro Magno no fue tan magno?


Alejandro Magno es retratado como un conquistador legendario y un líder militar admirable en los libros de historia occidentales, influidos por la versión griega de su vida. Sin embargo, la perspectiva persa es muy diferente.
El profesor Ali Ansari, del Instituto de Estudios Iraníes de la Universidad Saint Andrews de Escocia, analiza para la BBC ese punto de vista.
Dibujo de Alejandro Magno
Alejandro Magno murió a los 32 años.
A quien visite las espectaculares ruinas de Persépolis, el lugar donde se encontraba la capital ceremonial del antiguo Imperio persa Aqueménida, le contarán tres hechos: que la ciudad fue construida por Darío el Grande, embellecida por su hijo Jerjes y destruida por aquel hombre.
Aquel hombre es Alejandro Magno, celebrado en la cultura occidental como conquistador del Imperio persa y como uno de los grandes genios militares de la historia.
En realidad, si uno lee algunos libros de historia occidentales podría llegar a la conclusión de que los persas existieron simplemente para ser conquistados por Alejandro.
Pero los persas ya habían sido derrotados por los griegos en dos invasiones fallidas, una llevada a cabo por Darío el Grande en 490 a.C. y otra por su hijo Jerjes diez años después. En ese sentido, el asalto de Alejandro fue una consecuencia lógica.

Destrucción de Persépolis

No obstante, visto a través de los ojos persas, Alejandro está muy lejos de parecer Magno.
Arrasó Persépolis después de una noche de borrachera, incitado por un cortesano griego, en venganza por la quema de la Acrópolis por el rey persa Jerjes.
Los persas lo responsabilizan de la destrucción de lugares religiosos en todo su imperio.
Los símbolos del zoroastrismo –la antigua religión de los iraníes- fueron atacados y destruidos. Para los sacerdotes zoroástricos aquello fue prácticamente una calamidad.
La influencia de la cultura y la lengua griegas ha contribuido a establecer una narrativa en Occidente según la cual la invasión de Alejandro fue la primera cruzada para llevar la civilización y la cultura al Oriente bárbaro.
Pero la realidad es que el Imperio persa fue conquistado no porque necesitara ser civilizado sino porque abarcaba desde Libia hasta Asia Central y era el mayor imperio que el mundo había visto hasta ese momento.
Era, pues, un premio muy valioso.
Ruinas de Persépolis
Ruinas de Persépolis.

Admiración por lo persa

No obstante, los griegos sentían una gran admiración por el Imperio persa y por sus emperadores.
Al igual que los bárbaros que conquistaron Roma, Alejandro admiró lo que encontró, tanto que estuvo encantado de tomar el manto persa del Rey de Reyes.
Pero la admiración griega por lo persa se remonta a mucho antes que ese momento.
Jenofonte, el general y escritor ateniense, escribió un himno para Ciro el Grande –la Ciropedia- alabando al gobernante que había, según él, demostrado que un vasto territorio podía ser regido gracias a un carácter y una personalidad fuertes.
"Ciro fue capaz de penetrar un país inmenso gracias al puro terror que emanaba de su personalidad, que hacía que los habitantes se postraran ante él…", escribió Jenofonte.
Emperadores persas posteriores como Darío y Jerjes intentaron invadir Grecia y fracasaron. Sin embargo, es destacable que muchos griegos acudían a la corte persa.
El más notable fue Temístocles, quien luchó contra el ejército invasor de Darío en la batalla de Maratón e ideó la victoria de los atenienses contra Jerjes en Salamina.
Desencantado con la política ateniense, emigró al Imperio persa y acabó encontrando trabajo en la corte, donde fue nombrado gobernador provincial y vivió el resto de su vida.
Con el tiempo, los persas se dieron cuenta de que podían conseguir sus objetivos en Grecia intentando enfrentar a las ciudades griegas entre sí, y durante la guerra del Peloponeso los persas financiaron a los espartanos contra los atenienses.

Como otros conquistadores que siguieron sus pasos, incluso el gran Alejandro fue seducido y absorbido por la idea de Irán"

El príncipe jardinero

La figura clave en esta estrategia fue el príncipe persa y gobernador de Asia Menor Ciro el Joven, quien durante años cultivó una buena relación con los griegos hasta el punto de que cuando lanzó su apuesta por el trono persa reclutó a cerca de 10.000 mercenarios griegos.
Por desgracia para él, murió en el intento.
En un maravilloso relato, el general espartano Lisandro cuenta su visita a Ciro el Joven en la capital provincial, Sardis.
Lisandro narra cómo Ciro lo agasajó y le mostró su jardín amurallado, suparadeisos, origen etimológico del término paraíso.
Cuando Lisandro dijo que debería dar las gracias al esclavo responsable de tal obra, Ciro se rió y señaló que él mismo había trazado el diseño y había plantado algunos de los árboles.
Al ver la sorpresa del espartano, Ciro indicó: "te juro por Mitra que, si la salud me lo permite, nunca como sin haber trabajado y sudado, sin haber realizado alguna actividad relevante en el arte de la guerra o en la agricultura".
Impresionado, Lisandro aplaudió y agregó: "mereces tu buena fortuna, Ciro, porque eres un buen hombre".
Relieve en Persépolis
Soldados aqueménidas en un relieve en Persépolis

¿Alejandro arrepentido?

Alejandro es muy probable que estuviera familiarizado con estas historias. El Imperio persa no era tanto algo que conquistar como un logro que conseguir.
Aunque los persas lo caracterizan como un destructor, un joven indómito e irresponsable, las pruebas indican que Alejandro mantuvo cierto respeto por los habitantes de los territorios conquistados y llegó a arrepentirse de la destrucción que causó su invasión.
Al ver la tumba saqueada de Ciro el Grande, al norte de Persépolis, se mostró compungido y ordenó que se reparara.
Si hubiera vivido más de 32 años, quizá hubiera restaurado mucho más.
Y quién sabe, quizá los persas se hubieran avenido a su conquistador macedonio, lo hubieran absorbido, como sucedió con otros, y lo hubieran incorporado a su historia nacional.
De hecho, en el gran poema épico persa, el Sahnameh, del siglo X d.C., Alejandro ya no es un príncipe completamente extranjero, sino hijo de madre persa.
Eso es un mito, pero quizá revela más verdad que las apariencias de la historia.
Como otros conquistadores que siguieron sus pasos, incluso el gran Alejandro fue seducido y absorbido por la idea de Irán.