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viernes, 27 de julio de 2012

El anómalo comportamiento de las sondas Pioneer


El anómalo comportamiento de las sondas Pioneer
Existía una pequeña esperanza de encontrar indicios de una nueva física en el anómalo comportamiento de las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11. Lanzadas durante los 70 para ir más allá del Sistema Solar, ambas habían mostrado una sutil deceleración durante su aproximación a Saturno, en los años 80. Y no tenía explicación. Ni la ha tenido hasta ahora, que un grupo de investigadores ha desvelado la causa del misterio: el calor producido en su circuitería.

«Sería como cuando estás conduciendo un coche de noche; aunque es muy sutil, los fotones de los faros te están empujando hacia atrás», explicó Slava Turyshev, del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA y padre del descubrimiento, que ha supuesto un arduo trabajo de investigación (tuvieron que analizar datos guardados en tarjetas perforadas y cintas).

Pioneer 10 y 11 se lanzaron en 1972 y 1973 respectivamente, con rumbo a Júpiter, Saturno, y después más allá del Sistema Solar. Durante los primeros años en que se detectó, la «anomalía de las Pioneer» se atribuyó a pequeñas perturbaciones causadas por restos del combustible nuclear que las alimentaba. 

Pero más de una década después, cuando estaban a más de 13.000 millones de kilómetros de distancia, investigadores del JPL certificaron una deceleración —cada día avanzaba unos siete metros menos que el anterior con respecto a lo presvisto— que seguía ahí. ¿Podía ser la primera evidencia experimental sólida de que la teoría de la Relatividad General de Einstein no era correcta?

Turyshev decidió analizar todos los datos disponibles, intentar descartar todas las opciones y, si no encontraba nada, pedir a la NASA una nave con la que investigar la anomalía. Recopilaron datos de telemetría y de comunicación de las sondas Pioneer por todo el país. Al final consiguieron unos 43 gigabytes de datos, que aunque parece poco para hoy, es una cantidad ingente para la época en la que fueron lanzadas.

Descubrieron que la anomalía no afectaba a otras naves por lo que el motivo debía estar en cómo estaban construidas. Vieron que las Voyager —que tienen una misión parecida de escapar del Sistema Solar— apenas mostraban el efecto porque sus impulsores las alinean en tres ejes, mientras que las Pioneer necesitan rotar para mantenerse estables.

Con toda la información, el equipo de Turyshev pudo calcular el calor emitido por los sistemas eléctricos y por el decaimiento del plutonio usado como combustible. Y cuadraba para explicar la anomalía dentro de la Relatividad General de Einstein. Misterio resuelto. «Resulta que la física que conocemos sigue funcionando», afirmó Turyshev. «Aunque habría sido emocionante descubrir una nueva física, al menos resolvimos un misterio».

Nuevos datos parecen confirmar la presencia del planeta Gliese 581g


Nuevos datos parecen confirmar la presencia del planeta Gliese 581g
Gliese 581g ha vuelto. Y lo ha hecho para colocarse en el número uno de la cortísima lista de planetas (cinco en total) potencialmente habitables más allá de nuestro Sistema Solar. El mismo equipo que anunció su existencia el 29 de septiembre de 2010 acaba de presentar, en efecto, nuevos datos que parecen confirmar la presencia del planeta, que fue puesto en duda apenas unas semanas después de ser anunciado oficalmente.

Si realmente existiera, Gliese 581g sería el sueño de cualquier cazador de planetas. De hecho, se trata de un mundo rocoso, de tamaño similar a la Tierra y que se encuentra, además, en la «zona de habitabilidad» de su estrella. Esto es, ocupa la estrecha franja orbital en la que se da la temperatura adecuada para permitir la existencia de agua líquida, un elemento indispensable para que sea posible la vida tal y como la conocemos.

La estrella alrededor de la que orbita, Gliese 581, tiene otros cuatro mundos a su alrededor. Gliese 581d, el más exterior de todos ellos, también es un firme candidato a ser un mundo habitable. Por lo que esta sería la primera vez que tenemos evidencias de dos planetas potencialmente habitables alrededor de una misma estrella.

El descubrimiento de Gliese 581g fue anunciado el 29 de septiembre de 2010 por un equipo de la Universidad de Santa Cruz liderado por Steven S. Vogt, pero su existencia fue puesta en duda casi de inmediato por otros astrónomos que no consiguieron detectarlo. Ahora, sin embargo, Vogt y su equipo han presentado un nuevo análisis basado en nuevos datos del instrumento HARPS. Y los resultados son prometedores.

En efecto, el nuevo análisis refuerza la idea de que todos los planetas alrededor de Gliese 581 poseen una órbita circular, y no elíptica como se creía. Vogt cree que esa es la razón por la que otros astrónomos no lograron confirmar su hallazgo en 2010. Asumiendo esa órbita circular, Vogt y su equipo han conseguido medir una fuerte señal que indica la presencia de Gliese 581g.

"Esta señal -explica Vogt- tiene menos de un 4% de probabilidades de ser una falsa alarma y es consistente con un planeta con una masa mínima 2,2 veces la de la Tierra, orbitando la zona habitable de la estrella, donde el agua líquida en la superficie del planeta es una posibilidad muy notable".

Según los nuevos datos, Gliese 581g tendría un radio no superior a 1,5 veces el de la Tierra, y recibiría de su estrella, una enana roja, prácticamente la misma cantidad de luz que recibe la Tierra del Sol. Lo cual convertiría a Gliese 581g en el planeta extrasolar conocido más parecido a la Tierra según el Indice de Similitud a la Tierra (ESI), que mide el parecido de los exoplanetas con nuestro mundo en una escala de 0 a a 1, siendo el valor «1» el de la propia Tierra. En esta escala, Gliese 581g puntuaría con un 0,92.

Por eso, desde hace tres días, Gliese 581g, ha sido «rehabilitado» e incluido en el primer puesto del Catálogo de Exoplanetas Habitables de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, desplazando al segundo lugar a Gliese 667Cc. Los otros cuatro miembros de esta lista son el ya citado Gliese 667Cc y los planetas Kepler-22b, HD85512b y Gliese 581d. Según los investigadores, en todos ellos se dan condiciones suficientes como para que existan ambientes similares a los que hay en la Tierra y, por lo tanto, para que pueda haberse desarrollado la vida.

«La controversia sobre Gliese 581g continuará -asegura Abel Mendez, director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria (PHL) en Arecibo- pero hemos decidido incluir este planeta en nuestro catálogo principal debido a las nuevas evidencias presentadas».